10/10/2010

Evolución en imágenes de Santa María la Ribera

En ésta primera imagen, podemos ver el trazo original de la colonia Santa María la Ribera, tal como fue proyectada por los hermanos Flores, fundadores de la primera compañia inmobiliaria de la ciudad de México, a mediados del siglo XIX. Cabe notar el trazo en forma de cuadrícula y la disposición de la Alameda de Santa María de manera distinta a como se encuentra hoy, el trazo de las calles en buena medida se conserva idéntico hoy en día y podemos ver como la calle de Santa María serviría de eje principal para el acceso de la colonia.


A continuación vemos un plano de la ciudad de México en el año de 1791, el cual fue mandado a hacer por el conde de Revillagigedo, virrey de la Nueva España, es importante notar como la colonia Santa María fue el primer desarrollo que se alejó del Centro Histórico para dar pauta a la expansión hacia el poniente de la ciudad que duraría hasta hoy en día. Santa María se desarrollaría en la zona donde está el cuadrado rojo marcado con el número 11, a una sana distancia del centro. Al mismo tiempo, vemos el trazo de los nuevos paseos de moda de la ciudad como El Paseo de Bucareli en donde se encuentra el número 18.

En este plano de 1866 ya podemos ver la colonia trazada en su totalidad, aunque la mayor parte de los predios se encuentran desocupados, concentrándose la actividad inmobiliaria en la parte pegada a la Ribera de San Cosme, nótese tambien en la parte norte el temprano desarrollo de la vecina colonia Guerrero.

En este plano, con fecha en 1880 muestra el lento avance que tiene el desarrollo de Santa María la Ribera, concentrado ahora en la calle de Santa María ante la total ocupación de construcciones a lo largo de la Ribera de San Cosme. Es lento el desarrollo si se compara con la vecina colonia Guerrero, la cual ha tenido un acelerado desarrollo, quizás promovido por la actividad de la reciente estación de ferrocarril. Al sur, ya se dan los primeros pasos en la formación de la colonia de los Arquitectos, hoy San Rafael y en la parte sur del centro empieza a germinar la colonia Hidalgo, hoy llamada Doctores.


En éste plano de 1887, no hay muchos cambios, el Paseo de la Reforma todavía cruza zonas campestres. La colonia Guerrero sigue un acelerado desarrollo al igual que la Doctores y Arquitectos, Santa María no cambia mucho a pesar de ser la primera de entre estas colonias. La mayor novedad es el edificio de la Ciudadela que es visible a partir de este mapa. 

En este par de imágenes del año 1890 ya empieza a darse un rápido desarrollo de Santa María la Ribera, se empieza a construir a lo largo del Paseo de la Reforma y queda establecida finalmente la colonia Hidalgo, hoy Doctores. Nótese la ampliación de la zona de ferrocarriles a la zona norte, donde hoy se encuentra la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco y la estación Colonia de ferrocarril al sur de la colonia San Rafael, donde hoy se encuentra el Conjunto Colonia del IMSS y el corporativo Telmex de Parque Vía.


Así, el desarrollo de Santa María va de la mano con el Porfiriato, dónde se desarrollan colonias como la Roma, Clavería, Del Carmen en Coyoacán y muchas otras que comparten elementos arquitectónicos y urbanísticos. A pesar del acelerado desarrollo de la colonia, es evidente la falta de servicios, como evidencia esta foto de finales del siglo XIX, donde es evidente el mal estado en que se encuentra la avenida Ribera de San Cosme.


A pesar de todo, la colonia se desarrolla aceleradamente a principios del siglo XX con casas que demuestran el nivel económico de sus habitantes, principalmente de las clases media y media-alta.


9/10/2010

En Santa María la Ribera, la mayor biblioteca de América para invidentes

El recinto del Comité Internacional Pro Ciegos alberga más de 7 mil títulos en braille

Fueron transcritos por personas que aprendieron a leer y escribir con ese sistema

Foto

Miguel Ángel Zempoaltécatl, trabajador de la biblioteca del Comité Internacional Pro Ciegos, IAP, precisó que 70 por ciento de sus libros han sido traducidos por personas con limitación visual, quienes en el comité aprendieron a leer y escribir en sistema braille. Foto La Jornada
Raúl Llanos

Periódico La Jornada
Martes 7 de septiembre de 2010, p. 33

En el corazón de la colonia Santa María la Ribera, en la delegación Cuauhtémoc, se localiza el acervo de libros en sistema braille más grande de América Latina.

La biblioteca del Comité Internacional Pro Ciegos (institución de asistencia privada) preserva más de 7 mil volúmenes de escritores distinguidos como Dostoievski, Verne, Rulfo, Shakespeare, Cervantes, Quiroga, London, Dickens, Dumas, Salgari, Sófocles y muchos más, cuyas obras han sido traducidas a ese sistema de comunicación.

En sus anaqueles es posible encontrar ejemplares de El Quijote de la Mancha, La Divina Comedia, Romeo y Julieta, Electra, Los Hijos de Sánchez, El Médico del Tibet o La Biblia, esta última conformada por 38 tomos, escritos en cartón lecter, que fue el primer material utilizado para escribir en braille.

Miguel Ángel Zempoatécatl, bibliotecario de este recinto desde hace 21 años, muestra orgulloso el libro más antiguo que tienen: San Cristóbal, del escritor portugués José María Eca de Queiroz, de 1932, que muestra –como muchos de los textos almacenados– empastados antiguos.

Aunque también se pueden consultar libros más recientes y de materias tan diversas como geografía, historia de México, matemáticas, biología y más, los cuales están transcritos en papel especial braille, que permite escribir por ambas caras.

Guiando el recorrido por los pasillos de ese espacio literario, Miguel Ángel precisa que 70 por ciento de sus libros han sido traducidos por personas con limitación visual, quienes en el Comité Internacional Pro Ciegos han aprendido a leer y escribir en sistema braille. Añade que 20 por ciento fueron comprados, y 10 por ciento, donados.

Destaca que desde 1957 funciona esta biblioteca, dentro de la misma IAP, que tiene más de 100 años de ayudar a personas con discapacidad visual a enfrentar la vida de mejor manera. De ahí que de manera continua ofrecen cursos para aprender braille, y quienes llegan a especializarse ayudan a la transcripción de las obras literarias a su propio sistema.

Uguete López Gutiérrez es una de las usuarias más asiduas. Detalla que desde los 12 años aprendió braille y desde entonces lee de todo. Su libro preferido es La ventana indiscreta, de Cornell Woolrich, y su principal queja: que no haya más apoyo para la impresión de más libros en su método de lectura y escritura, pues los pocos que se comercializan son muy caros.

A lo largo y ancho del inmueble del Comité Internacional Pro Ciegos es posible ver el apoyo que brindan a la gente con limitación visual, a la que enseñan también a realizar manualidades, repostería y música, entre otras hablilidades, para hacerles la vida menos difícil.

FUENTE

Comité Internacional Pro-Ciegos

8/08/2010

Casa de los Mascarones

Historia

El documento más antiguo, de donde se toman algunos datos sobre la edificación de la Casa (documento de Rivera de Cambas), durante el año 1562. Permaneció como huerta, hasta los años 1766 y 1771, en los que comenzó a construirse. El Conde don José Vivero Hurtado de Mendoza, tenía su casa principal en la calle de San Francisco, dentro del ahora primer cuadro de la ciudad, en la casa de los Azulejos, y que quiso disfrutar de una buena casa de campo en el rumbo más apetecible de las inmediaciones de la ciudad.

Para iniciar la obra se invirtió mucho dinero, y en el año de 1771 muere el Conde, sin ver concluida la construcción. La Casa permaneció inconclusa y abandonada hasta 1882, año en que fue vendida por medio de una subasta pública. De tal modo; que debido a sus múltiples poseedores, pudo quedar concluida. Esto sucedió en un transcurso de treinta años.

El licenciado Genaro Fernández MacGregor, en sus memorias, recuerda un hecho diferente, pues menciona que dentro del último tercio del siglo XIX la víestuta casa de Tlaxpana alojó un colegio del ciudadano francés Narciso Guilbart. Y fue ocupada posteriormente por el Instituto Científico, antes de contar con un gran anexo.

Existe un dato, acerca de cómo fue la aparición del Instituto Científico, en la Casa de los Mascarones; en la cual se menciona también la estancia del Liceo Franco-Mexicano. Existe una Litografía impresa por Decaén, en la cual aparece la casa con un jardín interior, otro exterior y una huerta trasera, y lleva esta leyenda al pie: Liceo Franco-Mexicano. Casa de los Mascarones. Este dato no puede ser posterior al año 1893. Debido a la variación de fechas y datos exactos durante esta época del uso de la Casa, podríamos inferir que el Liceo, ocupó el inmueble desde 1885 y que sería organizado por Guilbaut con el sistema Francés y duraría hasta 1892 o 1893, año en el que el Instituto Científico de México tomaría el lugar, organizado por los padres de la Compañía de Jesús. En 1900 se les identificaba como "los alumnos del Mascarones", más que del Instituto Científico.

En el año de 1906, aportó a la recién constituida sociedad anónima “Instituto Científico de México” la propiedad del inmueble. En 1914 el gobierno federal tomó posesión de la Casa, con un juicio de nacionalización de todo el inmueble y lo haría contra la sociedad mencionada; hasta 1940 cuando el Presidente Lázaro Cárdenas liquidó el problema mediante un tajante decreto de expropiación por causa de utilidad pública.

En los años de la Revolución, las transformaciones en la vida nacional y el despegue del status, afectaron a la Casa. En el año de 1914, al ser derrocado el general Victoriano Huerta y asumir el poder el Primer jefe del Ejército Constitucionalista, don Venustiano Carranza, se ordena la clausura y expulsión de los jesuitas del Instituto Científico e inició un juicio de nacionalización de la Casa, en aplicación de las disposiciones legales vigentes en materia de bienes eclesiásticos. Para entonces, el magnífico y escolar edificio, fue puesto al servicio de la Escuela Nacional de Maestras, que permaneció ahí hasta 1925, cuando fue terminado el Centro Educativo “José María Morelos”. El Colegio de Mascarones fue ocupado inmediatamente por una escuela primaria supliendo a las extintas 7 y 59.

En el Catálogo de la Universidad de los años 1926-1927, aparece la Escuela de Verano instalada en Mascarones. Había sido director don Pedro Henríquez Ureña. El 7 de octubre de 1929, la Universidad creó la Escuela de Música, aparte del Conservatorio, cuya existencia data de 1868 y que en 1925 se había intentado pasar de la Secretaría de Educación a la Universidad, y al nuevo plantel se le dio por sede provisional el mismo edificio. Así, que durante el verano se impartían los cursos de Verano, los de música dados en los salones del fondo; al terminar la temporada veraniega, los aprendices de músicos disponían de todo el edificio. El antiguo edificio de Mascarones fue definitivamente incorporado al patrimonio universitario por un efecto muy particular que se dio a la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México en el año de 1929. Durante el mismo año la Universidad creó su propia Escuela de Música y le dio por domicilio provisional el edificio de Mascarones. En el año de 1933, se rectificó que el patrimonio universitario estaría constituido por los “inmuebles que ocupaban actualmente las Facultades, Escuelas, Institutos y demás instituciones universitarias”. Establecida formalmente el 30 de diciembre de 1944, por la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Durante 1936 y 1937, coexistieron en la Casa: la Escuela Superior de Música, la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores y los Cursos de Verano. Al año siguiente, la Escuela de Música obtuvo su propio local en la calle de Bucareli #138.

Entre 1939-1940 quedan registrados dos actos importantes en relación a la Casa. El primero es que al señor Adolfo Wiechers se le da la posesión de la misma; Wiechers era apoderado de la Sociedad denominada Instituto Científico de México, de tal modo, se crea un juicio de nacionalización promovido por el Ministerio Público en contra del representante legal del Instituto Científico. La Universidad pidió amparo contra el acto y su ejecución, el 19 de febrero de 1940. El segundo fue la expedición, el 23 de agosto de 1940, por el Presidente Lázaro Cárdenas, del decreto publicado en el Diario Oficial del 12 de diciembre, donde queda declarado como de utilidad pública el Colegio de Mascarones, el que estaba en posesión del Gobierno Federal desde 1914. El decreto menciona a la Casa de Mascarones y el edificio anexo, resolviendo la expropiación de los dos y señalando la imperiosa necesidad de que, tanto los Cursos de Verano que impartía la Universidad como la Escuela Secundaria dependiente de la Secretaría de Educación Pública, quedaran definitivamente “establecidas en el edificio que ocupan.

Entre 1941 y 1944 se realizaron las obras que le dieron el aspecto que todavía hoy conserva (excepto las recientes adaptaciones, de cubículos, puertas, y plafones falsos). El encargado del proyecto fue el arquitecto Doctor Luis R. Ruiz; en esta temporada de obras, es cuando se reconstruyó la Casa procurando devolverle el aspecto que tenía en el siglo XIX, aunque con alteraciones, entre las que se cuentan las sustitución de los soportes de hierro de los corredores por pilares de piedra aparente, las escaleras en los corredores traseros del patio y por supuesto la eliminación de árboles y jardín que subsistían ahí; tomando el lugar para un embaldosado y, al centro, la estatua de Fray Alonso de la Veracruz.

Esta última la desocupó en 1965. Durante 1966-1967 la Casa quedó vacía hasta que, a fines de este último año, volvió a ella la Facultad de Música, al mismo tiempo que la Casa fue declarada monumento histórico por la Comisión de Monumentos, el 21 de octubre de 1959.

Con anterioridad, el 14 de mayo de 1950, la Dirección General de Bienes Nacionales de la Secretaría de Bienes Nacionales e Inspección Administrativa, en representación del Gobierno Federal, hizo entrega oficial de la Casa de Mascarones, a un representante del rector de la Universidad, transfiriéndole todos los derechos de la Federación sobre dicho bien. La casa vuelve a quedar desocupada (1960).

El 3 de noviembre de 1994, la Dirección General de Servicios de Cómputo Académico, retoma la dedicación al estudio del edificio, haciéndolo parte de la extensión universitaria de centros de cómputo. Actualmente Centro de Extensión en Cómputo y Telecomunicaciones “Mascarones”.
Además de que actualmente funciona como una extensión del Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras (CELE) de la UNAM.

Investigación: Lucero Ledón Martínez. México D.F. 1997

http://hermes.mascarones.unam.mx/
http://www.cele.unam.mx/centrosyprogramas/

Museo de Geología

Historia


La República Mexicana a lo largo de su historia, ha presentado interesantes épocas de transformaciones, una de ellas fue el periodo de 1885 a 1915, en la cual, el General Porfirio Díaz se mantuvo al frente del Gobierno de México


Uno de sus principales intereses, fue proponer un cambio urbano en la ciudad de México, en donde las casas que se construyeran fueran de tipo ciudadano, un tanto sobrio, pero que no faltasen los detalles ornamentales. Debido al gran auge presentado, el gobierno creó diversas reglamentaciones que obligaban a las personas interesadas a vender sus terrenos y ceder espacios con fines sociales, Estanislao Flores y su hermano Joaquín, responden a dicha propuesta y en 1856 entregaron sus terrenos para la construcción de calles, plazas, paseos, mercados y parques.

Finalmente como producto de esas donaciones, Santa María la Ribera se fundó en 1859, en los terrenos del rancho del mismo nombre y fue considerada como una zona preferida por la gente de altos recursos. La traza de sus manzanas y calles con su correspondiente nomenclatura aparece dos años después.

A fines del siglo XIX el Gobierno Federal creó una institución dedicada a la investigación científica, difusión y docencia de la Geología para conocer los recursos naturales explotables de nuestro país y, para ello, se estableció en 1886, por iniciativa del Ingeniero Geólogo Don Antonio del Castillo, la Comisión Geológica Nacional. El 17 de septiembre de 1888, el Congreso de la Unión decretó la creación del Instituto Geológico Nacional, dependiente de la Secretaría de Fomento, Colonización e Industria.

Las primeras investigaciones realizadas fueron de especulación científica, que obedecía a la labor de preparación que tenía que llevarse a efecto para aplicar poco a poco los conocimientos en el desarrollo de las industrias minera y petrolera, el uso de los minerales no metálicos, además del aprovechamiento de las aguas superficiales y subterráneas utilizadas en las actividades agrícolas. Por ello se explica que las primeras publicaciones se ocuparon del Bosquejo Geológico de México, de un Catálogo Sistemático y Geográfico de las Especies Mineralógicas de la República Mexicana y de la Recopilación Bibliográfica, Geológica y Minera, así como estudios de Vulcanología y paleontología.

Después de creado el instituto se pensó en un edificio que albergara a su personal y fue hasta el 17 de julio de 1990 cuando se inició la construcción de este edificio, ubicado en la 5ta calle del Ciprés No. 2728 (actualmente Jaime Torres Bodet No. 176), bajo la dirección del Arq. Carlos Herrera López, en colaboración con el Ing. José Guadalupe Aguilera Serrano, autor de los planos y distribución de las áreas. El 1o de junio de 1904, se inician las labores de investigación con la fundación de la Sociedad Geológica Mexicana y el 6 de septiembre de 1906 se inauguró oficialmente el edificio, con motivo del X Congreso Geológico Internacional; en en 1917 el organismo pasa a ser dependiente de la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo cambiando su nombre por "Departamento de Exploraciones y Estudios Geológicos".

El 16 de noviembre de 1929 la institución pasó a formar parte de la Universidad Nacional Autónoma de México, con el Nombre de Instituto de Geología de la U.N.A.M., mismo que conserva en la actualidad; y en el año de 1956 el personal académico y administrativo fue trasladado a las nuevas instalaciones en Ciudad Universitaria, conservándose desde entonces este edificio exclusivamente como Museo del Instituto de Geología de la U.N.A.M. Designación que prevalece sin modificación alguna hasta el presente.

Arquitectura y Decoración


La Época del Porfiriato fue una importante etapa de asimilaciones de todo aquello que representara la modernidad, y este hecho también tuvo efecto en el cambio que se dio en la arquitectura, propiciando una transformación en la imagen de la ciudad, que logra una deliberada ruptura, con la tradición constructiva del virreinato.

El diseño, distribución y funcionamiento del edificio fue construido bajo el estilo ecléctico, con detalles franceses propios de la época que se vivía, alternados con motivos prehispánicos entre otros; desde el proyecto inicial fue diseñado para ser utilizado como instituto de investigaciones, con oficinas y laboratorios en el primer piso, así como museo científico, con salas de exhibición permanente en la parte baja.

La fachada del edificio está labrada con ignimbrita (roca volcánica), procedente de Los Remedios, Estado de México. Tiene una forma cuadrangular de tres bloques casi iguales; en los frisos luce un hermoso trabajo de cantera, mostrando en alto y bajo relieve fósiles de peces, conchas y reptiles, además se observan las inscripciones de algunas de las Ciencias de la Tierra: Geología, Paleontología, Geotécnica, Química, Química, Litología y Mineralogía.


En el cuerpo central destacan tres arcos de medio punto decorados, que dan la entrada al museo, bajo éstos, fueron esculpidos fósiles de amonitas y en el pasillo interior, a ambos lados, se aprecia el escudo nacional de la época, trabajado en hierro con acabado en bronce.


En el primer piso que ocupan los arcos, existe una pequeña terraza con ocho columnas de estilo jónico, las cuales se encuentran estriadas a tres cuartos; en los muros, contrapuestos a ellas, existen cuatro medallones elaborados en bronce con los bustos de pensadores de las Ciencias de la Tierra: William Smith, James Hutton, George Cuvier y Abraham Gottlob Werner, mientras que en la parte superior, el centro de la fachada del edificio está rematado con un reloj que melódicamente proporciona la hora.

Decoración

Al entrar al museo, se contempla un espacioso vestíbulo que cuenta con pisos de mosaico, con motivos pompeyanos, y una majestuosa escalinata estilo Art Nouveau elaborada en Leipzig, Alemania; armada y recubierta en México; formada de dos rampas, adornadas con flores, hojas de acanto estilizadas, forjadas en hierro y descansos de mármol. En el peralte de la escalera se pueden observar grecas pre-hispánicas como elementos decorativos.

En la parte superior del vestíbulo, diez lienzos del paisajista mexicano José María Velasco, representan parte de la evolución de la vida sobre la Tierra, desde sus orígenes en los mares hasta la aparición del hombre. Dos de ellos están dedicados a la vida marina, uno a los anfibios, tres a la evolución de las plantas, dos a los mamíferos y los dos restantes, al hombre primitivo.

También se observan siete bellos emplomados con paisajes del país: Barranca de Teocelo, Veracruz; Las Ruinas del Tepozteco, Morelos; Cascada de Necaxa, Puebla; Erupción del Volcán de Colima, del 24 de marzo de 1903; Cañon del Puente de Chone, Ferrocarril Nacional de México; Órganos de Actopan, Hidalgo y el Pilar de Huayapam-Tepehuanes, Durango.

En el área de la Dirección del museo, se encuentra la Sala de Juntas o Sala de Directores, misma que conserva en sus muros una esplendorosa decoración de terciopelos, enmarcados en finas maderas tallada; una pintura en el plafón muestra artísticamente una alegoría del estudio de la Geología; cuenta con cuatro pequeñas esculturas de bronce, donadas a principio del siglo XX. Los pisos son de parquet francés y los muebles, elaborados especialmente para el Museo de Geología, tienen grabado un mazo y un martillo, elementos integrales del emblema del Instituto de Geología.

Jaime Torres Bodet No. 176 Col. Santa María La Ribera

Martes a Domingo 10:00 - 17:00 hrs.

Visitas guiadas previa cita, Lun-Vier 10:00 - 15:00 hrs.

Informes: 5547-3948 / 5547-3900 ext. 106

Entrada General $ 15.00 Profesores, alumnos e INSEN con credencial $ 10.00

Venta de boletos hasta las 16:30 horas

Programación sujeta a cambios

Favor de no introducir cámaras de video al Museo

El Museo está en una etapa de restauración algunos equipamientos no podrán estar en operación al 100% para cualquier visita, consultar por anticipado con Servicios Educativos 5547-3948 ó 5547-3900 ext. 106

Más Información

Museo Universitario del Chopo

Historia

Durante el siglo XX las ferias mundiales tuvieron un gran auge en las grandes ciudades europeas y norteamericanas. Las ciudades más pequeñas hacían ferias de corte local, un ejemplo fue la Exposición de Arte e Industria Textil organizada en Düsseldorf , Alemania.

Para este evento, la metalúrgica alemana Gutehoffnungshütte (Mina de la Buena Esperanza) ubicada en Oberhausen, construyó las piezas de un edificio para armar, bajo el diseño de Bruno Möhring.

A finales de 1902 concluyó la feria y la Compañía Mexicana de Exposición Permanente compró tres de sus cuatro salas de exhibición. El edificio se desmontó y embarcó hacia México. Se armó en la colonia Santa María la Ribera, en las proximidades de las estaciones de ferrocarril, que era un sitio atractivo para las familias de la clase media, pues estaba cerca del centro y tenía todos los servicios.

Entre 1903 y 1905 la llamada Cabaña de la Buena Esperanza se ensambló en el terreno de la calle del Chopo (Nombre común para el Populus nigra, árbol de gran altura de origen africano, que se encuentra en Europa y Asia), de la Santa María la Ribera.

En 1909, la Secretaria de Instrucción Pública y Bellas Artes rentó el edificio del Chopo para montar en él un Museo de Historia Natural. Pero antes lo utilizó para instalar la exposición de arte industrial japonés que formó parte de las fiestas del Centenario de la Independencia.

El 1 de diciembre de 1913 se inauguró el Museo de Historia Natural. El antiguo Museo Nacional de México acogía colecciones antropológicas, etnológicas, paleontológicas y zoológicas. El acervo se dividió: las colecciones antropológica y etnológica quedarían en la sede original y las de ciencias naturales conformaron el nuevo Museo de Historia Natural. Hacia 1922, el Museo era el mejor de México y recibía cosa de mil 200 visitantes diarios, que ya lo llamaban familiarmente, el Museo del Chopo.

Para mediados de la década de los sesenta el deterioro del edificio y la merma del acervo provocaron el cierre definitivo del Museo. La colección pasó al Museo de Historia Natural de Chapultepec, el Museo de Geología e institutos, escuelas y facultades de la UNAM.

En 1971 el edificio abandonado sirvió de locación para la cinta La mansión de la locura de Juan López Moctezuma. En el mismo año, José “El perro” Estrada filmó allí mismo algunas escenas de Recodo del purgatorio.

Los trabajos de rescate del inmueble comenzaron en 1973. Tras casi dos años de trabajo, el Museo Universitario de Chopo quedó listo como un espacio dedicado a la difusión cultural, en particular del arte joven y experimental.

El 25 de noviembre de 1975, el rector Guillermo Soberón inauguró el Museo Universitario del Chopo. Desde su inauguración, el Museo Universitario del Chopo fue un dinámico centro promotor del arte contemporáneo, caracterizado por su vocación innovadora, su carácter incluyente y plural.
Y su trabajo lo posicionó como un referente obligado del arte de vanguardia.

En 2006 y 2007 el Museo del Chopo renueva su edificio para servir de mejor forma a las necesidades del arte contemporáneo, mediante una intervención del arquitecto Enrique Norten, ejecutada por la Coordinación de Proyectos Especiales de la UNAM, a cargo del arquitecto Felipe Leal.

El añoso Museo del Chopo renueva su edificio para dar continuidad a su proyecto artístico y seguir contribuyendo al cumplimiento de una de las tareas fundamentales de la Universidad Nacional Autónoma de México: extender los beneficios de la cultura a sectores más amplios de la población, mediante la promoción y difusión del arte contemporáneo.

Más Información

Dr. Enrique González Martínez no. 10, col. Santa María la Ribera
Departamento de Difusión, Tel. 5546 3471, 5535 2186, ext. 110 y 160
Correo electrónico: chopo@servidor.unam.mx, santisim@servidor.unam.mx
+Horario de oficina de 10:00 a 20:00 horas

Horario de visita:
Martes a Domingo
10:00 hrs. - 19:00 hrs.

Costo:
Exposiciones:
$30.00 general
$15.00 estudiantes con credencial vigente e INAPAM
Martes entrada libre
Cinematógrafo

$30.00 general
$15.00 estudiantes con credencial vigente e INAPAM

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8/07/2010

Introducción

Breve mirada retrospectiva de la Santa María (1)

La colonia Santa María la Ribera es hija de la reforma liberal de 1857 y del incipiente, a la vez que embrionario, desarrollo inmobiliario en el México de la segunda mitad del siglo XIX. Se planea poco después de promulgadas las leyes de desamortización de bienes del clero. Intervino como factor para su creación la alta densidad demográfica que ofrecía la ciudad de México, cuyos límites físicos al concluir la sexta década del siglo XIX eran casi los mismos que dos siglos atrás, mientras que la población se había casi triplicado en ese lapso. Los orígenes de la Santa María hacia 1859-1861, como una de las primeras urbanizaciones en la capital del país, tuvieron un incierto primer objetivo de vender lotes para pequeñas granjas, a un par de kilómetros del entonces límite poniente de la ciudad. Tal vez porque los terrenos en los que se realizó la colonia que nos ocupa, eran espacios que pertenecieron a la hacienda de La Teja y, más concretamente, del rancho de Santa María, de donde proviene parte de su denominación. Lo de la Ribera le viene de ser aledaña a la avenida que ha comunicado la ciudad con el pueblo de Tacuba, designada como la Ribera de San Cosme, dado que se despliega en las proximidades de la iglesia de San Cosme y San Damián, del periodo virreinal. También de esa época es el espléndido edificio conocido como la Casa de los Mascarones.

El Museo Nacional de Historia Natural (actual Museo Universitario del Chopo), ca. 1920.

Unos años después de la i
ntervención francesa, al ser restaurada la República, la colonia Santa María comenzó a desenvolverse como fraccionamiento urbano: la mayoría de sus ocupantes provenía de los incipientes sectores sociales medios que había en el país en ese tiempo, aunque también se avecindaron en ella algunas familias de los sectores sociales dominantes. A partir de entonces, allí vivieron, entre otros, personalidades destacadas de la política, profesionistas, literatos de renombre, artistas plásticos afamados, músicos de gran reconocimiento y en general familias pertenecientes a una emergente clase media urbana de profesionistas, medianos empresarios y empleados del sector privado y la administración pública.

Río Consulado antes de ser entubado en el actual Circuito Interior, ca. 1920.

Esta no fue la primera colonia
en la ciudad, pues le antecedió, por unos meses, la de Los Arquitectos, una porción de la actual San Rafael (Morales, 1977:21). Además, casi 20 años antes se había asentado al poniente de la ciudad, hacia el barrio de San Juan, una colonia de ciudadanos franceses, avecindados en México, conformando la primera urbanización fuera del casco antiguo de la capital mexicana. Empero, la Santa María sí fue pionera en muchos rubros urbano-arquitectónicos y principal generadora de la expansión hacia el poniente del territorio citadino, en el último tercio del siglo XIX. Innovadora en su traza, con calles más anchas que las de la ciudad existente, también lo fue en la infraestructura y equipamiento urbanos. Asimismo, en ese barrio se inicia el uso del hierro estructural en los sistemas constructivos habitacionales, pues dos décadas antes de que allí se construyera el Pabellón Japonés, hoy Museo del Chopo (1909-1910), ya se empleaban viguetas de hierro para reforzar sistemas de soporte vertical y en cubiertas de bovedilla de algunas casonas del barrio. Del mismo modo, desde el último cuarto del siglo XIX, en ella se exploraron nuevas soluciones espaciales, con partidos diferentes al esquema de patio central heredado del virreinato.

La parroquia de San Cosme. Ex Convento de los descalzos viejos. Hasta aquí llega el acueducto de la Verónica que trae el agua delgada del Desierto de los Leones y de Santa Fe, litografía, en : Manuel Rivera Cambas, México Pintoresco, artístico y monumental, Imprenta de Reforma, 1880, BARPE, MN.

Actual esquina de Ribera de San Cosme y Serapio Rendón.


El porfiriato acompañó sus luces primeras, y las décadas iniciales del México posrevolucionario le dieron continuidad como colonia floreciente. Fue en esos años cuando quedó fincada casi en la totalidad de sus predios, consolidando su carácter de territorio poblado principalmente por la pequeña y mediana burguesías, aunque también permanecieron habitándola algunas familias burguesas que no se mudaron a la Roma o, más tarde, a las Lomas, a Polanco o a la Anzures. Su periodo de auge se mantuvo cuando menos hasta la primera mitad del siglo XX, cuando seguía siendo un espacio tranquilo y casi exclusivamente habitacional. Luego, de manera paulatina, fue entrando en cierto descuido material y en la segunda mitad de ese siglo fueron emigrando la mayor parte de las familias de más ingresos. Al mismo tiempo, muchas de las casonas y residencias se fraccionaban, convirtiéndose en varias viviendas o se demolían para construir edificios de departamentos.

A partir de 1970 se hace más patente el abandono físico de muchos inmuebles y se acelera la salida de población, proceso que, como veremos, se ha mantenido entre el censo de 1990 y el Conteo de Población de 2005. Paralelamente, se va dando un cambio en el uso del suelo, adquiriendo mayor presencia el comercio y otras actividades económicas, sobre todo del sector servicios. Avanza la reconfiguración social de los habitantes, tendiendo cada vez más a predominar segmentos de las clases medias con niveles de ingresos más bajos. Al correr de los últimos lustros, se han acrecentado los índices delictivos en el barrio, en una proporción ligeramente más baja a la del promedio registrado en la delegación Cuauhtémoc, pero que no deja de constituir un problema serio de seguridad.

Hoy día su porvenir es más o menos predecible en algunos rubros e incierto en muchos más. Sus posibilidades de mejoramiento no están ni remotamente aseguradas, como tampoco podría sostenerse que lo está el que permanezca estancada. De igual manera, no puede descartarse que pudiera sufrir un mayor decaimiento físico y social o incluso atravesar por una acelerada degradación urbana. Pero hay atisbos que permiten vislumbrar, cuando menos en ciertos rubros importantes que atenderemos adelante, una posible evolución de relativa mejoría en el barrio para los años venideros. En especial si se toma como punto de partida la evaluación de diversos aspectos sobre su situación actual y su desarrollo reciente.

(1) ¿Hacia dónde va la la colonia Santa María la Ribera?, Guillermo Boils Morales, Departamento de Teoría y Análisis, Arquitectura, UNAM